El sucesor de Bill Gates interrumpe sus vacaciones y se dirige hacia la capital bávara. Trae consigo una batería de contraofertas con el objetivo de que el alcalde, Christian Ude, cambie de idea. El contrato, valorado en 35 millones de dólares, en realidad era una cifra modesta para una compañía de las dimensiones de la multinacional de Seattle. Pero eso era lo de menos. Ballmer teme la repercusión que puede tener el ejemplo de una de las ciudades más importantes de Alemania.

El viaje no surte efecto. La decisión es firme. Munich dice adiós a Microsoft y pone en marcha LiMux?, uno de los proyectos públicos de software libre más ambiciosos de la historia. La ciudad había logrado librarse de la tiranía del software privativo. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Todos felices, menos Microsoft.

Ojalá fuera así de fácil…(external link)